El libro está basado en una encuesta sobre
una muestra de 1.200 personas, representativa de los
jóvenes españoles de 16 a 35 años de edad, y ofrece
un análisis detallado de sus conductas medioambientales, su
nivel de información sobre temas de energía y medio ambiente,
y sobre sus actitudes y valoraciones sobre estos temas.
Su principal mensaje es que las conductas
ecológicas de los jóvenes españoles son superficiales, sus
informaciones y percepciones sobre los temas de energía y
medio ambiente suelen ser confusas, y tienden a desplazar la
responsabilidad por el estado de cosas hacia los demás. La
variable educativa no tiene gran importancia a estos efectos,
y tampoco lo tiene la variable ideológica. En definitiva,
tienen alguna preocupación sobre el problema ("buena
voluntad"), pero la base de su conducta, sus conocimientos y
sus actitudes es débil ("frágiles premisas").
Conductas superficiales
Más de la mitad de estos jóvenes dice hacer cosas
por ahorrar energía, aunque lo que hacen tiene un
alcance limitado, y bastantes confunden ahorros de agua con
ahorros de energía. Esos comportamientos reflejan una
predisposición a hacer cosas al respecto, sobre todo en el
propio hogar, y también se ven esforzándose por contaminar
menos, aunque, paradójicamente, los que conducen usan
más el coche que en el pasado.
Bastantes tienen en cuenta el aspecto ecológico en sus
compras (de frigoríficos, coches, suministro de energía,
alimentos) y cabe hablar de un cierto potencial para
el consumo "ecológico". El potencial, sin embargo,
debe de ser relativamente bajo, pues aunque muchos dicen estar
dispuestos a pagar más por las energías renovables, en
realidad, tan sólo están dispuestos a pagar muy poco más.
Informaciones y percepciones bastante confusas
Su conducta expresa una "buena voluntad". La base cultural
(conocimientos, actitudes) de esa conducta es algo incierta
("frágiles premisas"). Sus conocimientos sobre energía
y medio ambiente son bastante limitados y reflejan una notable
confusión de fondo. Por ejemplo, les resulta difícil
evaluar en qué fines se gasta la energía consumida en el hogar
(sobreestiman el consumo de iluminación y electrodomésticos;
infraestiman el de calefacción), y también estimar
correctamente el peso de las fuentes de la electricidad
doméstica (se pasan con la energía hidráulica; infravaloran,
notablemente, la nuclear y el carbón). Aciertan en que cada
vez se consume más energía por habitante, pero yerran en
cuanto a la cantidad de energía que consumen los distintos
sectores (sobreestiman el peso de la industria y el de los
hogares). También se equivocan al evaluar la aportación de las
diversas fuentes a la producción total de energía: el
carbón parece invisible y las energías renovables están
sobredimensionadas.
El error más grueso, por lo que revela de las carencias en
economía y en el tema de la producción y distribución de la
energía, se refiere a los costes de las distintas fuentes de
energía eléctrica: una amplísima mayoría piensa que
son más baratas, justamente, las más caras, la eólica y la
solar.
Asimismo, son pocos los que se han informado recientemente
sobre medidas de ahorro de energía o de eficiencia energética.
Los problemas medioambientales son, para los
jóvenes, sobre todo, de contaminación, mucho menos de
agotamiento de recursos, y la congestión, por ejemplo, la
urbana, no aparece en su horizonte. En España las
cosas van, según ellos, a peor; también donde viven,
pero algo menos. Tienden a creer que el crecimiento
económico es perjudicial para el medio ambiente, y no
están seguros de que la ciencia resuelva los problemas
medioambientales. Admiten que ellos mismos tendrían que
cambiar mucho de estilo de vida para contribuir a resolverlos.
Confianza, responsabilidad y políticas públicas:
desplazan la responsabilidad a otros
Para conocer la verdad sobre las cuestiones
medioambientales se fían, sobre todo, del movimiento
ecologista, y, en segundo lugar, de los científicos.
Confían bastante menos en el estado y los medios de
comunicación, y mucho menos en las empresas (con matices según
su conocimiento directo de éstas). Resaltan dos paradojas en
su esquema de confianzas. Por una parte, confían poco en los
medios, pero suelen obtener de ellos sus informaciones sobre
estos temas, si bien reconocen que lo hacen de manera algo
pasiva y acrítica. Por otra parte, no confían mucho en el
estado como proveedor de información veraz, pero una amplia
mayoría cree que aquél ha de asumir la principal
responsabilidad en la solución de los problemas
medioambientales.
La acción estatal en el ámbito de la energía y el
medio ambiente debería estar orientada, según ellos, sobre
todo, por el criterio del mínimo daño medioambiental, y ocupan
un lugar secundario las consideraciones de coste económico (o
de seguridad del suministro) y los criterios de la propiedad
privada y el libre mercado. Sin embargo, son
receptivos al tema de la independencia energética del país, lo
que puede explicar que casi la mitad parezca tener una opinión
favorable sobre la apuesta de Francia por la energía nuclear.
Sus políticas de ahorro de energía preferidas estarían
basadas no tanto en más impuestos disuasorios cuanto en
regulaciones más estrictas para los actores
implicados, muy en primer lugar las empresas (sin tener en
cuenta los costes implicados en ese aumento de regulación).
Motivos de inquietud y de esperanza
Los resultados de la encuesta sugiere que estamos ante un
colectivo de jóvenes (probablemente no muy diferente del que
sería un colectivo de adultos) con actitudes y juicios
blandos, volátiles y desestructurados, que se pronuncian
acerca de temas sobre los que no se sienten muy bien
informados, y barruntan que lo que suelen hacer es echar mano
de los estereotipos que circulan en el espacio público.
El nivel educativo afecta poco a la calidad de sus
respuestas, lo que puede ser un signo de la baja calidad de la
educación actual; pero cabe la esperanza de que ésta mejore
algún día. La variable ideológica suele tener poca
importancia, lo que sugiere la posibilidad de que este tema,
cuando se discuta en serio, algún día, no sucumba, de entrada,
al partidismo ideológico y político. En algunas respuestas,
hay indicios claros de un comienzo de atención y de
preocupación, así como de una capacidad de juicio que no se
está todavía ejercitando (por ejemplo, en la sensibilidad al
tema de la independencia energética del país).